domingo, 8 de agosto de 2010

Pobre Nacho


Hace unos días nos enteramos de que Nacho Duato deja la Compañía Nacional de Danza y se va a Rusia a dirigir un ballet. Bueno, hasta aquí todo bien. Lo que me sorprendió fue que la noticia iba siempre acompañada de comentarios del bailarín y coreógrafo sobre la poca importancia que se da en este país, el nuestro, al ballet en comparación con, por ejemplo, el fútbol. Aquí ya empecé a sorprenderme, y no porque no comparta el "mosqueo" de Duato, sino por su ingenuidad, pues no sé qué se esperaba. El ballet, la danza, el baile o cualquiera de sus manifestaciones es una actividad típicamente femenina: las academias de baile están llenas de niñas, a los espectáculos de danza acuden mayormente mujeres y ya sabemos lo que se opina de un niño que quiera vestirse de tutú (aunque luego no nos parezca tan mal que en otros contextos y con más añitos lo hagan con otros fines). La danza es femenina, y por tanto, no tiene valor social; prueba de ello es que no se estudia en el colegio, a pesar de ser una evidente manifestación cultural como la música, la pintura o la literatura, por citar algunas. Igual al señor Duato le despistó el que, a diferencia de ámbitos masculinos donde es difícil encontrar a una señora que destaque, en la danza así a bote pronto, me vienen a la cabeza casi tantos nombres de bailarines como de bailarinas, muestra una vez más de que ni "en lo nuestro" las mujeres mandamos. Así que sigo sin entender su cabreo, justificado por supuesto, pero ingenuo, pues si en todos los años que tiene no había vivido la desigualdad aún, ¡apaga y vámonos!